Joan Boscà

Juan BoscánJuan Boscán i Almogàver. (Barcelona, 1487-1542)

Poeta. Nacido en el seno de una familia de letrados y mercaderes, sirvió en las cortes de Fernando el Católico y Carlos I desde 1514, y fue preceptor del duque de Alba. En 1539 abandonó la corte y se estableció en Barcelona, y ese mismo año contrajo matrimonio con Ana Girón de Rebolledo; su casa se convirtió en un centro de tertulia literaria.

A Juan Boscán se le debe la introducción en la lírica castellana de la métrica y la versificación italianas. La idea se la sugirió el embajador veneciano Andrés Navaggiero, durante una conversación en Granada, y contó enseguida con la aprobación de Garcilaso de la Vega, amigo de Boscán. En su lírica se encuentran unidas con gran acierto las más puras imágenes petrarquistas con las imágenes un poco más rudas de Ausiàs March, con lo que sentó también las bases de la influencia del poeta valenciano en la lírica castellana del siglo XVI. Junto a su obra poética, hay que citar la traducción al español de El cortesano, de Baltasar de Castiglione, publicada en el año 1534.

Algunos Poemas

A LA DUQUESA

A LA DUQUESA


¿A quién daré mis amorosos versos,
que pretienden amor, con virtud junto,
y desean también mostrars’hermosos?

A ti, señora en quien todo esto cabe,
a ti se den, por cuanto si carecen
destas cosas que digo que pretienden,
en ti las hallarán cumplidamente.
Recógelos con blanda mansedumbre
si vieres que son blandos, y si no,
recógelos como ellos merecieren.

Y si después t’importunaren mucho
con llorar, porque así suelen hazello,
no te parezcan mal sus tristes lloros,
que, pues que son sus lágrimas con causa,
no sólo es gran razón que se consientan,
mas an de ser dolidas y lloradas
por todos los que vieren donde caen.

Ellos se van huyendo de mis manos
pensando que podrán bivir doquiera,
pero, según an sido regalados
y poco corregidos en sus vicios,
a peligro andarán si en ti no hallan
manera de bivir en sus regalos
y amparo por valerse en sus errores.

Si pasaren con onra, dales vida,
y si no, no les quites el remedio
que’l tiempo les dará con su justicia:
que mueran y que los cubra la tierra,
y la tierra será el eterno olvido.



COPLAS

1

Siento mi congoxa tal
que mi mal,
aunques malo de sentirse,
es tan bueno de sufrirse
que no puede ser mortal.

Es tan fuerte
que bien puede dar la muerte;
mas la vida
va muy lexos de perdida,
pues gana la mejor suerte.

Dizen que mi fantasía
no se guía
sino toda contra mí;
yo respondo que’s así,
porque no sufro porfía.

Mi derecho
me tiene tan satisfecho,
que doblado
estoy sobre mi cuidado
si piensa que mal m’á hecho.

Mi alma se favorece
si padece,
y toma por mejoría
que crezca la pena mía,
mas a ratos mucho crece.

Yo la siento,
mas della no m’arrepiento,
que’l amor,
a medida del dolor,
suele dar el sufrimiento.

Mi dolor así m’aquexa,
que nos dexa
tan diferentes los dos,
que, aunque’s la culpa de vos,
contra mí es toda la quexa.

Si ay cosa
do el alma sté querellosa,
no la vengo;
mas cuando más quexa tengo,
pregunto si stáis quexosa.

Luego luego, cuando os vi,
conocí
que uviera de tener guerra;
mas, hasta saber la tierra,
quisiera mirar por mí.

Y ora cayo
que luego fue mi desmayo
tan entero,
que, aunquel trueno fue primero,
primero me vino el rayo,

Antes vino el padecer
que, a mi ver,
pudiese ver vuestro gesto;
víos presto, pero más presto
parece que vi al querer.

No fue así,
mas antojósem’a mí;
porque luego,
en veros, quedé tan ciego,
que dixera que no os vi.

Mas el seso con que entiendo,
no pudiendo
entenderos, no sé ver
cómo puedo yo querer
aquello que no comprendo.

No me falta
buen remedio en esta falta,
porque’n veros,
por esto de no entenderos,
entiendo que sois muy alta.

Lo que sois se me declara,
cuando para
mi seso y a vos no llega;
porque la luz que me ciega
luego digo que’s muy clara.

Por do siento
que’s ya de mi pensamiento
mi verdad,
sobrarme la voluntad
do falta el entendimiento.


2

Señora doña Isabel,
tan crüel
es la vida que consiento,
que me mata mi tormento
cuando menos tengo dél.

Pero bivo
con la gloria que recivo,
tan ufano en los amores,
que procuro destar bivo
porque bivan mis dolores.

Bivo de mi pensamiento
tan contento,
que’s mi congoxa mayor
si no hallo el sufrimiento
conforme con el dolor.

Yo querella
no puedo de vos tenella;
sólo de mí’stoy quexoso
si mi pena en padecella
me conoce temeroso.

La pena queda vencida,
ya perdida,
pues vuestra merced, señora,
á sido la vencedora
de las fuerças de mi vida.

De tal suerte,
que no puede ya la muerte
ser comigo sino muerta,
pues tengo por buena suerte
ser en mí la pena cierta.

Mis congoxas de bien llenas
son tan buenas,
por la causa que’s tan buena,
que no podéis darme pena
sino con no darme penas.

Mas parece
que un contrario se m’ofrece,
tan grave, que ved cuál quedo:
quel alma dize: padece,
y el cuerpo dize: no puedo.



CANCIONES

1

Gran esfuerço da al bivir
esperar verme venido;
mas, triste’sperar perdido,
¿qué puede aver tras partir
sino sólo aver partido?

Venida que tanto alcança
no s’ha de’sperar que venga.
No hay coraçón que sostenga
tan deseada’sperança
por poco que se detenga.

En el medio’stá el morir,
entre’l venir y ser ido.
¿Qué’sperar hay tan perdido
que’spere sino partir
después de tan mal partido?


2

¿Qué haré, que por quereros
mis estremos son tan claros
que ni soy para miraros
ni puedo dexar de veros?

Yo no sé con vuestra ausencia
un punto bivir ausente,
ni puedo sufrir presente,
señora, tan gran presencia.

De suerte que, por quereros,
mis estremos son tan claros
que ni soy para miraros
ni puedo dexar de veros.

Otras desaviniéndose
¡O que no ay razón que pueda
consolar tan crudos males,
porque son, señora, tales,
que’l seso espantado queda
de ver sólo sus señales!

¡O muger desconocida!
¡O dolor! ¡O perdimiento!
Vuestro mal conocimiento
m’á traído en esta vida
que ora siento.

¡O vida llena de enojos!
¡O mundo que vas así!
¡Qué bien fuera para mí,
si yo no tuviera ojos
para veros, cuando os vi!

Mas, pues mi seso no halla
ninguna vida en seguiros,
que la gane yo en huiros
pues que no puedo ganalla
por serviros.

Los dos juntos en dañarme
emos sido, y en vencerme,
armados para perderme:
vos comigo por matarme,
yo con vos por ofenderme.

Emos sido vencedores;
contra mí fue la vitoria;
y á quedado por istoria
de mis males y dolores
la memoria.

No veo mis enemigos;
conozco bien que peleo;
las llagas yo las poseo;
padezco dos mil castigos;
la causa dellos no veo.

Si huyo, pierdo el derecho;
si espero, no sé valerme;
no sé cómo socorrerme,
ni sé, de puro despecho,
qué hazerme.

¡O, que no sé qué me daña
y sé que todo me mata!,
porque amor así me trata,
que’n una cosa m’engaña
y en dos mil me desbarata.

Estoy de mi pensamiento
ya tan poco satisfecho,
que entre mí tengo despecho,
porque bien no marrepiento
de lo hecho.

Mas hazed ya desd’agora
lo que bien os estuviere;
sea todo como fuere;
allá os avení, señora,
con lo que más os pluguiere.

Y acordand’os los presentes
dolores y los que an sido,
yo me doy por despedido,
por no andar entre las gentes
más perdido.


3

¿Qué movimiento fue’l mío?
Cuitado ¿quién me engañó?
¿Cuál coraçón me sufrió,
que tan grande desvarío
le pudiese emprender yo?

¡O ciego, sin algún tiento!
¡O locura conocida!
¡Qué pudiera ser mi vida,
de tan alto pensamiento
despedida!

Culpa de tal desventura
no tiene desculpa igual
sino ser el yerro tal,
que sólo pudo locura
ser causa de tanto mal.

A la ora que fui preso
de vos, me vi de manera
que de menos seso fuera
si por vos todo mi seso
perdïera.

Pues por vos perdí el sentido
cuando era el alma cuerda,
y ora tan desacuerda
lo que por vos é perdido,
no me haga que ora os pierda.

Yo lo hize como loco,
pero ved si m’arrepiento
que’s estremo mi tormento
y é pesar porque’s tan poco
lo que siento.

Lo que siento no lo entiendo,
ni es ello para entenderse;
quiso el seso así perderse,
que á de poder, no pudiendo,
agora para valerse.

Por todas partes me quemo;
querría el yerro enmendalle,
mas es tamaño, que temo
de caer, para curalle,
en otro estremo.

Pudiera ser perdonado,
según la pena que siento;
mas yo no quedo contento
con lo que paga el cuidado
de parte del sentimiento.

Ni quiero que con templança
mi yerro quede medido;
yo sólo só el ofendido,
de mí solo la vengança
yo la pido.


4

Es tal y tan verdadera
mi pena por conoceros
que, si tanto no os quisiera,
yo quisiera no quereros.

Que nuevo caso d’amor
ordenáis que’n mí comience:
combatirme el desamor,
adonde el amor me vence.

No es mucho, pues tan entera
es mi pena en conoceros,
que, si tanto no os quisiera,
yo quisiera no quereros.


5

¡Qué vida de tantos males,
qué mundo tan desigual,
do los bienes con el mal
nunca pueden ser iguales
aunque sean d’un igual!

Que, aunque’l bien en cantidad
igual del mal se presente,
mucho más el mal se siente,
porque’s contra voluntad
y viene por acidente.

Así que, entre tantos males,
hallo yo por desigual
que los bienes con el mal
nunca pueden ser iguales
aunque sean d’un igual.


6

Mi mal está en crecimiento:
comiença, y es tan estremo,
que no siento lo que siento
de temor de lo que temo.

No hize lo que convino;
ya no sé lo que conviene.
Témome del mal que viene,
no pensando en el que vino.

En su primer movimiento
es mi mal, y es tran estremo,
que no siento lo que siento
de temor de lo que temo.


7

El que de vos se partiere
merece nunca bolver.
O, señora si bolviere,
que buelva para no’s ver.

No meresco la venida,
pues fui para poder irme,
aunque harto va medida
con la pena del partirme
la culpa de la partida.

Mas si yo jamás me fuere,
bien sé que no abrá de ser,
pero quiero, si ello fuere,
pagallo con nunca os ver.



GLOSA DE “JUSTA FUE MI PERDICIÓN”


Bien supo el amor qué hizo
en darme tal pensamiento,
pues del primer movimiento
a sí mismo satisfizo
y a mí me dexó contento.

Satisfizo la razón
al amor, y él a ella;
luego supo el coraçón
que’n tan onrada querella
justa fue mi perdición.

Tan contento y tal me tiene
la congoxa que’n mí stá,
que, si dolor sobreviene,
el mal que tengo se va
de gozo d’aquel que viene.

Y si queda algún tormento,
súfrese con el quereros,
que’n mi grave pensamiento
sólo en ver que supe veros
de mis males soy contento.

Aunque a mi mal contradiga
el cuerpo por la su falta,
rompiendo toda la liga,
el alma, como más alta,
se’ntremete en mi fatiga.

Y puesto mi coraçón
ante vos, como juzgado,
atentado en su pasión
dize: “Ya, pues soy pagado,
non espero gualardón”.

La congoxa que padezco
de buena me da la vida,
que’n ser vos por quien fenezco
mi mal paga la medida
de lo que por él merezco.

Con este conocimiento,
pagado de mi pasión,
voy diziendo, de contento,
sin dar cabo a mi razón,
pues, vuestro merecimiento.

Acabó el entendimiento
lo que agora aquí se dize,
y dixo a mi pensamiento:
“Pues por vos me satisfize,
tené vos mi regimiento”.

Tras esto, en mi coraçón,
vi sonar esta respuesta:
“Ved mi mal, si es con razón,
que la pena, en venir presta,
satisfizo a mi pasión”.

Parece bien ordenado,
por razón de buena ley,
que, si acaso un condenado
viere el rostro de su rey,
luego allí quede librado.

Así, puesto que’s perdida
mi vida ya por quereros,
para el alma, que’s vencida,
un solo punto de veros
es vitoria conocida.

De contenta, mi memoria
mil vezes me dize: “¡Calla!,
que’n guerra de tanta gloria
sólo entrar en la batalla
fue sombra de gran vitoria”.

Sólo averos conocido
es tan gran lustre d’amor
que, por más que sté perdido,
siempre será vencedor
quien de vos queda vencido.

Contra Amor y su pasión
en campo quise provarme,
y vos, a mala sazón,
cuando Amor quiso matarme,
luego echastes el bastón.

Esto fue, porque perdida,
sin morir, fuese mi suerte
y porque’s cosa sabida
que’scusava yo mi muerte
en perder por vos la vida.

Así agora triste quedo
sin morir, y con penar,
y entre mí digo, con miedo:
“Ved cómo podré ganar,
que aun sólo perder no puedo”.

Después me dize’l sentido:
“¿Por qué me matas cuitado?
¿No tienes tú conocido,
por tormento tan onrado,
que’s ganado el que’s perdido?”

Si del mal que m’á venido
me viene’l contentamiento,
será muy firme argumento
que, cuanto más afligido,
tanto más seré contento.

Y pues viene la pasión,
y el descanso en una cuenta,
lo que sufre’l coraçón,
el coraçón lo consienta
pues lo consiente razón.

Vuestra vista saltealla
no es mucho quien tanto os quiere,
que’l que de hambre se muere,
si roba el comer que halla,
toda buena ley lo quiere.

Yo, de veros muy hambriento,
con miraros me sostengo,
y cuando más pena tengo
con el bien del pensamiento
consiento en mi perdimiento.

Algún bien yo demandaros
desvergüença me parece,
que ¿cómo podré yo daros
por el bien lo que merece,
si el mal no puedo pagaros?

Alcança mi coraçón
de su mal un bien tan largo
que, pues ya de mi pasión
yo, señora, os quedo en cargo,
non espero galardón.

No bivo desesperado
y bivo sin esperança,
que’l que se da por pagado
no spera, que, pues alcança,
esperar es escusado.

Si basta mi pensamiento
a darme tan justa paga
que me haga’star contento,
no es mucho me satisfaga,
pues, vuestro merecimiento.

Cuando acuerda el sentimiento,
y a pensar en vos se’ncierra,
entre mí me descontento
del cuerpo que, ‘n ser de tierra,
me’mbaraça el pensamiento.

Para cuantas cosas son
es estar por vos penado
de tan alto coraçón,
que solo avello pensado
satisfizo a mi pasión.



VILLANCICOS

1

Si no os uviera mirado
no penara,
pero tampoco os mirara.

Veros harto mal á sido,
mas no veros peor fuera;
no quedara tan perdido
pero mucho más perdiera.
¿Qué viera aquél que no os viera?
¿Cuál quedara,
señora, si no os mirara?

2

¿Qué testimonios son estos
que le queréis levantar?
¡Que no fue sino bailar!

El duque d’Alva

¿Qué peligroso acidente
fue hazer tal maleficio?
Tomaste por exercicio
hacer reír a la gente.

Yo soy quien desto se siente.
Yo te quiero aconsejar
que no cures de bailar.

Gracilazo

Esta tienen por gran culpa;
no lo fue a mi parecer,
porque tiene por desculpa
que lo hizo la muger.
Ésta le hizo caer
mucho más, que no el saltar
que hizo con el bailar.

El prior de San Juan

No fue’l pecado primero;
mas por él padecerán
todos los que bailarán
como bailó el cavallero.
No lo tomen por agüero
los que quisieren dançar,
que no fue sino bailar.

Boscán

En lo vedado tocó,
y por esto es cosa clara
quen el sudor de su cara
bivirá, pues que bailó.
Malamente s’engañó;
mas bien se pudo engañar
que no fue sino bailar.

Don Hernando Álvarez de Toledo

Perdiérase este señor
en esta gran maravilla,
sino por la paxarilla
que le cantava al alvor.
Si desto tiene dolor,
yo le quiero consolar,
que no fue sino bailar.

El clavero de Alcántara

Fue para todos espanto
soltaros el Rey tan presto,
pero no os soltó por esto,
para que os soltéis vos tanto.
Soltástesos tanto cuanto,
mas no fue sino saltar,
y si no saltar, bailar.

Don Luis Osorio

Sepan qué manda la ley:
muera don Luis agora;
que’n los palacios del Rey
bailó con una señora.
Desastrada fue tal ora,
mas áse de perdonar,
que no fue sino bailar.

Don García de Toledo

Soltóos el Emperador,
pero no sin penitencia;
mandó daros por sentencia
que bailásedes, señor.
Dizen todos que’s rigor;
que no es justo castigar
a ninguno con bailar.

Gutierre López de Padilla

No tengo de fiar más
en hombres blandos y tristes.
¿qué os prometió Satanás,
cuando dél así os vencistes?
Errastes lo que hezistes:
no digo que fue el errar
que errásedes el bailar.

El marqués de Villafranca

Dudan todos los letrados
de jüicios más enteros,
de bienes tan mal bailados
que gozen los erederos.
Dizen que hasta los postreros
abrá cierto d’alcançar
maldición de tal bailar.



SONETOS


1

Como aquel que’n soñar gusto recive,
su gusto procediendo de locura,
así el imaginar, con su figura,
vanamente su gozo en mí concive.

Otro bien, en mí, triste, no se scrive,
si no es aquel que mi pensar procura:
de cuanto ha sido hecho en mi ventura,
lo solo imaginado es lo que bive.

Teme mi coraçón d’ir adelante,
viendo’star su dolor puesto en celada,
y así rebuelve atrás en un instante

a contemplar su gloria ya pasada.
¡O sombra de remedio inconstante!:
ser en mí lo mejor lo que no es nada.


2

Pensando en lo pasado, de medroso,
hállome gran amor dentro en mi pecho;
bien sé que lo pasado ya es deshecho,
mas da el maginallo algún reposo.

De descansar estoy tan deseoso
que para reposar doquiera m’echo;
donde’spero descanso, allí es mi lecho,
aunque sea el descanso mentiroso.

Mas este descansar, siendo tan vano,
ha d’acabarse’n muy breve momento;
y el triste recordar está en la mano.

He de bolver a mi dolor temprano;
la cuenta de’sto es tal que no la cuento;
mas hallo lo que pierdo y lo que gano.


3

Como’l patrón que, ‘n golfo navegando,
lleva su nao, y viendo claro’l cielo,
está más lexos de tener recelo
que si’stuviese en tierra paseando:

así yo por lo hondo travesando
de mi querer, que nunca tuvo suelo,
el rato que me hallo’star sin duelo,
que voy seguro luego’stoy pensando.

Pero después si el viento mueve guerra
y la braveza de la mar levanta,
acude’l nunca más entrar en barca,

y el voto d’ir a ver la casa santa,
y el desear ser labrador en tierra,
mucho más que’n la mar un gran monarca.


4

Como’l triste que a muerte’stá juzgado,
y desto es sabidor de cierta sciencia,
y la traga y la toma en paciencia,
poniéndos’al morir determinado;

tras esto dízenle que’s perdonado,
y’stando así se halla en su presencia
el fuerte secutor de la sentencia
con ánimo y cuchillo aparejado:

así yo, condenado a mi tormento,
de tenelle tragado no me duelo,
pero, después, si el falso pensamiento

me da seguridad, d’algún consuelo,
bolviendo el mal, mi triste sentimiento
queda embuelto en su sangre por el suelo.


5

¡O si acabase mi pensar sus días,
o fuese d’eternal sueño oprimido!
No es bien bivir, trayéndome’l sentido
pesadas y continas chismerías:

o me carga de tristes fantasías
o me da el bien tan corto y tan medido
que me’spanto de que s’an mantenido,
con su tanto gastar, las penas mías.

Viéndome Amor gemir de fatigado,
sobre’sto de mi mal me’stá acallando;
mas aun conmigo en esto se desmide,

como madre con hijo regalado,
que si le pide rejalgar, llorando,
no sabe sino dalle lo que pide.


6

¿No basta el mal a siempre fatigarme,
sin que también el bien me dé tormento?
Yo’stava ya conmigo en buen asiento,
para cuanto dolor quisiesen darme.

Podía el no’sperar harto ayudarme,
y, por vieja costumbre, ’1 pensamiento
hallava en el penar contentamiento,
o cosa que bastava a contentarme.

Aún me’storva el Amor tan baxo’stado,
dándome de plazer alguna vista,
con la cual se rebuelve mi cuidado,

y el mal con quien yo’stava concertado
con el venir del bien se me’nemista,
y buelve andar mi reino levantado.


7

¡O si acabase mi pensar sus días,
o fuese d’eternal sueño oprimido!
No es bien bivir, trayéndome’l sentido
pesadas y continas chismerías:

o me carga de tristes fantasías
o me da el bien tan corto y tan medido
que me’spanto de que s’an mantenido,
con su tanto gastar, las penas mías.

Viéndome Amor gemir de fatigado,
sobre’sto de mi mal me’stá acallando;
mas aun conmigo en esto se desmide,

como madre con hijo regalado,
que si le pide rejalgar, llorando,
no sabe sino dalle lo que pide.


8

¿No basta el mal a siempre fatigarme,
sin que también el bien me dé tormento?
Yo’stava ya conmigo en buen asiento,
para cuanto dolor quisiesen darme.

Podía el no’sperar harto ayudarme,
y, por vieja costumbre, ’1 pensamiento
hallava en el penar contentamiento,
o cosa que bastava a contentarme.

Aún me’storva el Amor tan baxo’stado,
dándome de plazer alguna vista,
con la cual se rebuelve mi cuidado,

y el mal con quien yo’stava concertado
con el venir del bien se me’nemista,
y buelve andar mi reino levantado.


9

Soy como aquel que vive en el desierto,
del mundo y de sus cosas olvidado,
y a descuido veis donde l’ha llegado
un gran amigo, al cual tuvo por muerto.

Teme luego d’un caso tan incierto;
pero, después que bien s’ha segurado,
comiença a holgar pensando en lo pasado,
con nuevos sentimientos muy despierto.

Mas cuando ya este amigo se le parte,
al cual partirse presto le conviene,
la soledad empieça a selle nueva;

con las yervas del monte no s’aviene;
para’l yermo le falta toda el arte;
y tiembla cada vez que’ntra en su cueva.


10

Quisiera Amor a su prision bolverme
por castigar mi libre sentimiento,
y diome de su mano un tan gran tiento,
que uviera en aquel punto de vencerme;

pero tan cierto vi luego el perderme,
que’sto solo’scusó mi perdimiento,
y fue’l primer afeto tan sin tiento,
que al segundo fue fuerça rehazerme.

Si con armas, Amor, acostumbradas,
como otras vezes sale, me saliera,
según en salvo’stoy, quiçá’sperara.

Mas estas aventuras desusadas
espérelas y empréndalas quienquiera,
que yo no oso’sperar muerte tan clara.

COPLAS

Siento mi congoxa tal
que mi mal,
aunques malo de sentirse,
es tan bueno de sufrirse
que no puede ser mortal.

Es tan fuerte
que bien puede dar la muerte;
mas la vida
va muy lexos de perdida,
pues gana la mejor suerte.

Dizen que mi fantasía
no se guía
sino toda contra mí;
yo respondo que’s así,
porque no sufro porfía.

Mi derecho
me tiene tan satisfecho,
que doblado
estoy sobre mi cuidado
si piensa que mal m’á hecho.

Mi alma se favorece
si padece,
y toma por mejoría
que crezca la pena mía,
mas a ratos mucho crece.

Yo la siento,
mas della no m’arrepiento,
que’l amor,
a medida del dolor,
suele dar el sufrimiento.

Mi dolor así m’aquexa,
que nos dexa
tan diferentes los dos,
que, aunque’s la culpa de vos,
contra mí es toda la quexa.

Si ay cosa
do el alma sté querellosa,
no la vengo;
mas cuando más quexa tengo,
pregunto si stáis quexosa.

Luego luego, cuando os vi,
conocí
que uviera de tener guerra;
mas, hasta saber la tierra,
quisiera mirar por mí.

Y ora cayo
que luego fue mi desmayo
tan entero,
que, aunquel trueno fue primero,
primero me vino el rayo,

Antes vino el padecer
que, a mi ver,
pudiese ver vuestro gesto;
víos presto, pero más presto
parece que vi al querer.

No fue así,
mas antojósem’a mí;
porque luego,
en veros, quedé tan ciego,
que dixera que no os vi.

Mas el seso con que entiendo,
no pudiendo
entenderos, no sé ver
cómo puedo yo querer
aquello que no comprendo.

No me falta
buen remedio en esta falta,
porque’n veros,
por esto de no entenderos,
entiendo que sois muy alta.

Lo que sois se me declara,
cuando para
mi seso y a vos no llega;
porque la luz que me ciega
luego digo que’s muy clara.

Por do siento
que’s ya de mi pensamiento
mi verdad,
sobrarme la voluntad
do falta el entendimiento.


2

Señora doña Isabel,
tan crüel
es la vida que consiento,
que me mata mi tormento
cuando menos tengo dél.

Pero bivo
con la gloria que recivo,
tan ufano en los amores,
que procuro destar bivo
porque bivan mis dolores.

Bivo de mi pensamiento
tan contento,
que’s mi congoxa mayor
si no hallo el sufrimiento
conforme con el dolor.

Yo querella
no puedo de vos tenella;
sólo de mí’stoy quexoso
si mi pena en padecella
me conoce temeroso.

La pena queda vencida,
ya perdida,
pues vuestra merced, señora,
á sido la vencedora
de las fuerças de mi vida.

De tal suerte,
que no puede ya la muerte
ser comigo sino muerta,
pues tengo por buena suerte
ser en mí la pena cierta.

Mis congoxas de bien llenas
son tan buenas,
por la causa que’s tan buena,
que no podéis darme pena
sino con no darme penas.

Mas parece
que un contrario se m’ofrece,
tan grave, que ved cuál quedo:
quel alma dize: padece,
y el cuerpo dize: no puedo.



CANCIONES

1

Gran esfuerço da al bivir
esperar verme venido;
mas, triste’sperar perdido,
¿qué puede aver tras partir
sino sólo aver partido?

Venida que tanto alcança
no s’ha de’sperar que venga.
No hay coraçón que sostenga
tan deseada’sperança
por poco que se detenga.

En el medio’stá el morir,
entre’l venir y ser ido.
¿Qué’sperar hay tan perdido
que’spere sino partir
después de tan mal partido?


2

¿Qué haré, que por quereros
mis estremos son tan claros
que ni soy para miraros
ni puedo dexar de veros?

Yo no sé con vuestra ausencia
un punto bivir ausente,
ni puedo sufrir presente,
señora, tan gran presencia.

De suerte que, por quereros,
mis estremos son tan claros
que ni soy para miraros
ni puedo dexar de veros.

Otras desaviniéndose
¡O que no ay razón que pueda
consolar tan crudos males,
porque son, señora, tales,
que’l seso espantado queda
de ver sólo sus señales!

¡O muger desconocida!
¡O dolor! ¡O perdimiento!
Vuestro mal conocimiento
m’á traído en esta vida
que ora siento.

¡O vida llena de enojos!
¡O mundo que vas así!
¡Qué bien fuera para mí,
si yo no tuviera ojos
para veros, cuando os vi!

Mas, pues mi seso no halla
ninguna vida en seguiros,
que la gane yo en huiros
pues que no puedo ganalla
por serviros.

Los dos juntos en dañarme
emos sido, y en vencerme,
armados para perderme:
vos comigo por matarme,
yo con vos por ofenderme.

Emos sido vencedores;
contra mí fue la vitoria;
y á quedado por istoria
de mis males y dolores
la memoria.

No veo mis enemigos;
conozco bien que peleo;
las llagas yo las poseo;
padezco dos mil castigos;
la causa dellos no veo.

Si huyo, pierdo el derecho;
si espero, no sé valerme;
no sé cómo socorrerme,
ni sé, de puro despecho,
qué hazerme.

¡O, que no sé qué me daña
y sé que todo me mata!,
porque amor así me trata,
que’n una cosa m’engaña
y en dos mil me desbarata.

Estoy de mi pensamiento
ya tan poco satisfecho,
que entre mí tengo despecho,
porque bien no marrepiento
de lo hecho.

Mas hazed ya desd’agora
lo que bien os estuviere;
sea todo como fuere;
allá os avení, señora,
con lo que más os pluguiere.

Y acordand’os los presentes
dolores y los que an sido,
yo me doy por despedido,
por no andar entre las gentes
más perdido.


3

¿Qué movimiento fue’l mío?
Cuitado ¿quién me engañó?
¿Cuál coraçón me sufrió,
que tan grande desvarío
le pudiese emprender yo?

¡O ciego, sin algún tiento!
¡O locura conocida!
¡Qué pudiera ser mi vida,
de tan alto pensamiento
despedida!

Culpa de tal desventura
no tiene desculpa igual
sino ser el yerro tal,
que sólo pudo locura
ser causa de tanto mal.

A la ora que fui preso
de vos, me vi de manera
que de menos seso fuera
si por vos todo mi seso
perdïera.

Pues por vos perdí el sentido
cuando era el alma cuerda,
y ora tan desacuerda
lo que por vos é perdido,
no me haga que ora os pierda.

Yo lo hize como loco,
pero ved si m’arrepiento
que’s estremo mi tormento
y é pesar porque’s tan poco
lo que siento.

Lo que siento no lo entiendo,
ni es ello para entenderse;
quiso el seso así perderse,
que á de poder, no pudiendo,
agora para valerse.

Por todas partes me quemo;
querría el yerro enmendalle,
mas es tamaño, que temo
de caer, para curalle,
en otro estremo.

Pudiera ser perdonado,
según la pena que siento;
mas yo no quedo contento
con lo que paga el cuidado
de parte del sentimiento.

Ni quiero que con templança
mi yerro quede medido;
yo sólo só el ofendido,
de mí solo la vengança
yo la pido.


4

Es tal y tan verdadera
mi pena por conoceros
que, si tanto no os quisiera,
yo quisiera no quereros.

Que nuevo caso d’amor
ordenáis que’n mí comience:
combatirme el desamor,
adonde el amor me vence.

No es mucho, pues tan entera
es mi pena en conoceros,
que, si tanto no os quisiera,
yo quisiera no quereros.


5

¡Qué vida de tantos males,
qué mundo tan desigual,
do los bienes con el mal
nunca pueden ser iguales
aunque sean d’un igual!

Que, aunque’l bien en cantidad
igual del mal se presente,
mucho más el mal se siente,
porque’s contra voluntad
y viene por acidente.

Así que, entre tantos males,
hallo yo por desigual
que los bienes con el mal
nunca pueden ser iguales
aunque sean d’un igual.


6

Mi mal está en crecimiento:
comiença, y es tan estremo,
que no siento lo que siento
de temor de lo que temo.

No hize lo que convino;
ya no sé lo que conviene.
Témome del mal que viene,
no pensando en el que vino.

En su primer movimiento
es mi mal, y es tran estremo,
que no siento lo que siento
de temor de lo que temo.


7

El que de vos se partiere
merece nunca bolver.
O, señora si bolviere,
que buelva para no’s ver.

No meresco la venida,
pues fui para poder irme,
aunque harto va medida
con la pena del partirme
la culpa de la partida.

Mas si yo jamás me fuere,
bien sé que no abrá de ser,
pero quiero, si ello fuere,
pagallo con nunca os ver.



GLOSA DE “JUSTA FUE MI PERDICIÓN”


Bien supo el amor qué hizo
en darme tal pensamiento,
pues del primer movimiento
a sí mismo satisfizo
y a mí me dexó contento.

Satisfizo la razón
al amor, y él a ella;
luego supo el coraçón
que’n tan onrada querella
justa fue mi perdición.

Tan contento y tal me tiene
la congoxa que’n mí stá,
que, si dolor sobreviene,
el mal que tengo se va
de gozo d’aquel que viene.

Y si queda algún tormento,
súfrese con el quereros,
que’n mi grave pensamiento
sólo en ver que supe veros
de mis males soy contento.

Aunque a mi mal contradiga
el cuerpo por la su falta,
rompiendo toda la liga,
el alma, como más alta,
se’ntremete en mi fatiga.

Y puesto mi coraçón
ante vos, como juzgado,
atentado en su pasión
dize: “Ya, pues soy pagado,
non espero gualardón”.

La congoxa que padezco
de buena me da la vida,
que’n ser vos por quien fenezco
mi mal paga la medida
de lo que por él merezco.

Con este conocimiento,
pagado de mi pasión,
voy diziendo, de contento,
sin dar cabo a mi razón,
pues, vuestro merecimiento.

Acabó el entendimiento
lo que agora aquí se dize,
y dixo a mi pensamiento:
“Pues por vos me satisfize,
tené vos mi regimiento”.

Tras esto, en mi coraçón,
vi sonar esta respuesta:
“Ved mi mal, si es con razón,
que la pena, en venir presta,
satisfizo a mi pasión”.

Parece bien ordenado,
por razón de buena ley,
que, si acaso un condenado
viere el rostro de su rey,
luego allí quede librado.

Así, puesto que’s perdida
mi vida ya por quereros,
para el alma, que’s vencida,
un solo punto de veros
es vitoria conocida.

De contenta, mi memoria
mil vezes me dize: “¡Calla!,
que’n guerra de tanta gloria
sólo entrar en la batalla
fue sombra de gran vitoria”.

Sólo averos conocido
es tan gran lustre d’amor
que, por más que sté perdido,
siempre será vencedor
quien de vos queda vencido.

Contra Amor y su pasión
en campo quise provarme,
y vos, a mala sazón,
cuando Amor quiso matarme,
luego echastes el bastón.

Esto fue, porque perdida,
sin morir, fuese mi suerte
y porque’s cosa sabida
que’scusava yo mi muerte
en perder por vos la vida.

Así agora triste quedo
sin morir, y con penar,
y entre mí digo, con miedo:
“Ved cómo podré ganar,
que aun sólo perder no puedo”.

Después me dize’l sentido:
“¿Por qué me matas cuitado?
¿No tienes tú conocido,
por tormento tan onrado,
que’s ganado el que’s perdido?”

Si del mal que m’á venido
me viene’l contentamiento,
será muy firme argumento
que, cuanto más afligido,
tanto más seré contento.

Y pues viene la pasión,
y el descanso en una cuenta,
lo que sufre’l coraçón,
el coraçón lo consienta
pues lo consiente razón.

Vuestra vista saltealla
no es mucho quien tanto os quiere,
que’l que de hambre se muere,
si roba el comer que halla,
toda buena ley lo quiere.

Yo, de veros muy hambriento,
con miraros me sostengo,
y cuando más pena tengo
con el bien del pensamiento
consiento en mi perdimiento.

Algún bien yo demandaros
desvergüença me parece,
que ¿cómo podré yo daros
por el bien lo que merece,
si el mal no puedo pagaros?

Alcança mi coraçón
de su mal un bien tan largo
que, pues ya de mi pasión
yo, señora, os quedo en cargo,
non espero galardón.

No bivo desesperado
y bivo sin esperança,
que’l que se da por pagado
no spera, que, pues alcança,
esperar es escusado.

Si basta mi pensamiento
a darme tan justa paga
que me haga’star contento,
no es mucho me satisfaga,
pues, vuestro merecimiento.

Cuando acuerda el sentimiento,
y a pensar en vos se’ncierra,
entre mí me descontento
del cuerpo que, ‘n ser de tierra,
me’mbaraça el pensamiento.

Para cuantas cosas son
es estar por vos penado
de tan alto coraçón,
que solo avello pensado
satisfizo a mi pasión.



VILLANCICOS

1

Si no os uviera mirado
no penara,
pero tampoco os mirara.

Veros harto mal á sido,
mas no veros peor fuera;
no quedara tan perdido
pero mucho más perdiera.
¿Qué viera aquél que no os viera?
¿Cuál quedara,
señora, si no os mirara?

2

¿Qué testimonios son estos
que le queréis levantar?
¡Que no fue sino bailar!

El duque d’Alva

¿Qué peligroso acidente
fue hazer tal maleficio?
Tomaste por exercicio
hacer reír a la gente.

Yo soy quien desto se siente.
Yo te quiero aconsejar
que no cures de bailar.

Gracilazo

Esta tienen por gran culpa;
no lo fue a mi parecer,
porque tiene por desculpa
que lo hizo la muger.
Ésta le hizo caer
mucho más, que no el saltar
que hizo con el bailar.

El prior de San Juan

No fue’l pecado primero;
mas por él padecerán
todos los que bailarán
como bailó el cavallero.
No lo tomen por agüero
los que quisieren dançar,
que no fue sino bailar.

Boscán

En lo vedado tocó,
y por esto es cosa clara
quen el sudor de su cara
bivirá, pues que bailó.
Malamente s’engañó;
mas bien se pudo engañar
que no fue sino bailar.

Don Hernando Álvarez de Toledo

Perdiérase este señor
en esta gran maravilla,
sino por la paxarilla
que le cantava al alvor.
Si desto tiene dolor,
yo le quiero consolar,
que no fue sino bailar.

El clavero de Alcántara

Fue para todos espanto
soltaros el Rey tan presto,
pero no os soltó por esto,
para que os soltéis vos tanto.
Soltástesos tanto cuanto,
mas no fue sino saltar,
y si no saltar, bailar.

Don Luis Osorio

Sepan qué manda la ley:
muera don Luis agora;
que’n los palacios del Rey
bailó con una señora.
Desastrada fue tal ora,
mas áse de perdonar,
que no fue sino bailar.

Don García de Toledo

Soltóos el Emperador,
pero no sin penitencia;
mandó daros por sentencia
que bailásedes, señor.
Dizen todos que’s rigor;
que no es justo castigar
a ninguno con bailar.

Gutierre López de Padilla

No tengo de fiar más
en hombres blandos y tristes.
¿qué os prometió Satanás,
cuando dél así os vencistes?
Errastes lo que hezistes:
no digo que fue el errar
que errásedes el bailar.

El marqués de Villafranca

Dudan todos los letrados
de jüicios más enteros,
de bienes tan mal bailados
que gozen los erederos.
Dizen que hasta los postreros
abrá cierto d’alcançar
maldición de tal bailar.



SONETOS


1

Como aquel que’n soñar gusto recive,
su gusto procediendo de locura,
así el imaginar, con su figura,
vanamente su gozo en mí concive.

Otro bien, en mí, triste, no se scrive,
si no es aquel que mi pensar procura:
de cuanto ha sido hecho en mi ventura,
lo solo imaginado es lo que bive.

Teme mi coraçón d’ir adelante,
viendo’star su dolor puesto en celada,
y así rebuelve atrás en un instante

a contemplar su gloria ya pasada.
¡O sombra de remedio inconstante!:
ser en mí lo mejor lo que no es nada.


2

Pensando en lo pasado, de medroso,
hállome gran amor dentro en mi pecho;
bien sé que lo pasado ya es deshecho,
mas da el maginallo algún reposo.

De descansar estoy tan deseoso
que para reposar doquiera m’echo;
donde’spero descanso, allí es mi lecho,
aunque sea el descanso mentiroso.

Mas este descansar, siendo tan vano,
ha d’acabarse’n muy breve momento;
y el triste recordar está en la mano.

He de bolver a mi dolor temprano;
la cuenta de’sto es tal que no la cuento;
mas hallo lo que pierdo y lo que gano.


3

Como’l patrón que, ‘n golfo navegando,
lleva su nao, y viendo claro’l cielo,
está más lexos de tener recelo
que si’stuviese en tierra paseando:

así yo por lo hondo travesando
de mi querer, que nunca tuvo suelo,
el rato que me hallo’star sin duelo,
que voy seguro luego’stoy pensando.

Pero después si el viento mueve guerra
y la braveza de la mar levanta,
acude’l nunca más entrar en barca,

y el voto d’ir a ver la casa santa,
y el desear ser labrador en tierra,
mucho más que’n la mar un gran monarca.


4

Como’l triste que a muerte’stá juzgado,
y desto es sabidor de cierta sciencia,
y la traga y la toma en paciencia,
poniéndos’al morir determinado;

tras esto dízenle que’s perdonado,
y’stando así se halla en su presencia
el fuerte secutor de la sentencia
con ánimo y cuchillo aparejado:

así yo, condenado a mi tormento,
de tenelle tragado no me duelo,
pero, después, si el falso pensamiento

me da seguridad, d’algún consuelo,
bolviendo el mal, mi triste sentimiento
queda embuelto en su sangre por el suelo.


5

¡O si acabase mi pensar sus días,
o fuese d’eternal sueño oprimido!
No es bien bivir, trayéndome’l sentido
pesadas y continas chismerías:

o me carga de tristes fantasías
o me da el bien tan corto y tan medido
que me’spanto de que s’an mantenido,
con su tanto gastar, las penas mías.

Viéndome Amor gemir de fatigado,
sobre’sto de mi mal me’stá acallando;
mas aun conmigo en esto se desmide,

como madre con hijo regalado,
que si le pide rejalgar, llorando,
no sabe sino dalle lo que pide.


6

¿No basta el mal a siempre fatigarme,
sin que también el bien me dé tormento?
Yo’stava ya conmigo en buen asiento,
para cuanto dolor quisiesen darme.

Podía el no’sperar harto ayudarme,
y, por vieja costumbre, ’1 pensamiento
hallava en el penar contentamiento,
o cosa que bastava a contentarme.

Aún me’storva el Amor tan baxo’stado,
dándome de plazer alguna vista,
con la cual se rebuelve mi cuidado,

y el mal con quien yo’stava concertado
con el venir del bien se me’nemista,
y buelve andar mi reino levantado.


7

¡O si acabase mi pensar sus días,
o fuese d’eternal sueño oprimido!
No es bien bivir, trayéndome’l sentido
pesadas y continas chismerías:

o me carga de tristes fantasías
o me da el bien tan corto y tan medido
que me’spanto de que s’an mantenido,
con su tanto gastar, las penas mías.

Viéndome Amor gemir de fatigado,
sobre’sto de mi mal me’stá acallando;
mas aun conmigo en esto se desmide,

como madre con hijo regalado,
que si le pide rejalgar, llorando,
no sabe sino dalle lo que pide.


8

¿No basta el mal a siempre fatigarme,
sin que también el bien me dé tormento?
Yo’stava ya conmigo en buen asiento,
para cuanto dolor quisiesen darme.

Podía el no’sperar harto ayudarme,
y, por vieja costumbre, ’1 pensamiento
hallava en el penar contentamiento,
o cosa que bastava a contentarme.

Aún me’storva el Amor tan baxo’stado,
dándome de plazer alguna vista,
con la cual se rebuelve mi cuidado,

y el mal con quien yo’stava concertado
con el venir del bien se me’nemista,
y buelve andar mi reino levantado.


9

Soy como aquel que vive en el desierto,
del mundo y de sus cosas olvidado,
y a descuido veis donde l’ha llegado
un gran amigo, al cual tuvo por muerto.

Teme luego d’un caso tan incierto;
pero, después que bien s’ha segurado,
comiença a holgar pensando en lo pasado,
con nuevos sentimientos muy despierto.

Mas cuando ya este amigo se le parte,
al cual partirse presto le conviene,
la soledad empieça a selle nueva;

con las yervas del monte no s’aviene;
para’l yermo le falta toda el arte;
y tiembla cada vez que’ntra en su cueva.


10

Quisiera Amor a su prision bolverme
por castigar mi libre sentimiento,
y diome de su mano un tan gran tiento,
que uviera en aquel punto de vencerme;

pero tan cierto vi luego el perderme,
que’sto solo’scusó mi perdimiento,
y fue’l primer afeto tan sin tiento,
que al segundo fue fuerça rehazerme.

Si con armas, Amor, acostumbradas,
como otras vezes sale, me saliera,
según en salvo’stoy, quiçá’sperara.

Mas estas aventuras desusadas
espérelas y empréndalas quienquiera,
que yo no oso’sperar muerte tan clara.